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133º aniversario de la muerte de Fray Mamerto Esquiú

Se conmemora en la fecha 133 años del fallecimiento de venerable Fray Mamerto de la Asención Esquiú, fraile franciscano que falleció, en la posta del suncho a las 15 hs. el 10 de enero de enero de 1883, siendo obispo de Córdoba.

El miércoles 10 de enero de 1883 amaneció bien, comentó que cuando llegue a Recreo “si Dios me da vida hasta allá, me ganaré una cama y tomaré manzanilla...”; a las dos y media de la tarde, llegaba la mensajería a la posta de El Suncho, donde lo esperaba mucha gente. Allí su secretario ayudado por los lugareños lo bajó y acostó en un humilde catre de tientos de un pobre rancho, luego le administró los últimos sacramentos. A las tres de la tarde el Padre Esquiú entregaba su alma al Señor.

Algo de historia
El 28 de diciembre de 1882 partió Esquiú desde Córdoba hacia La Rioja, en tren de segunda clase, a pesar del ofrecimiento de un coche especial. Rezó varias veces junto al pasaje y luego repartió él mismo a los pobres, comida que le habían regalado.

El día siguiente era viernes, y partió Esquiú desde la estación El Recreo, en la mensajería. En todas las casas, a su paso, repartió catecismos, rosarios y medallas... Todos se quejaban de que no llovía. Mamerto se internó en el monte y, de rodillas con los brazos en cruz, pidió al Señor la lluvia, que no se hizo esperar.
Ya en La Rioja, cumplió su misión y emprendió su regreso el día 8 de enero de 1883, celebrando antes Misa en el altar de la celda de San Francisco Solano.

Esquiú venía enfermo, los dos primeros días del viaje apenas comió y casi no pudo dormir, aún así atendía a la gente a su paso y prodigaba saludables consejos.
El miércoles 10 de enero de 1883 amaneció bien, comentó que cuando llegue a Recreo “si Dios me da vida hasta allá, me ganaré una cama y tomaré manzanilla...”; a las dos y media de la tarde, llegaba la mensajería a la posta de El Suncho, donde lo esperaba mucha gente. Allí su secretario ayudado por los lugareños lo bajó y acostó en un humilde catre de tientos de un pobre rancho, luego le administró los últimos sacramentos. A las tres de la tarde el Padre Esquiú entregaba su alma al Señor.
Cundió la noticia y vecinos de todos lados vinieron a rezar ante su cadáver, y besar sus manos, sus pies, su hábito, su cuerda.

A las nueve de la noche, después de rezar varias veces el Rosario, colocaron su cadáver en la mensajería, y entre rezos y llantos, lo acompañó el pueblo varias leguas. Lo llevaban a la estación El Recreo. A larga distancia antes de llegar los recibió una multitud, a pie y a caballo, con faroles encendidos... Habían salido al encuentro de los restos del santo Obispo, a quien conocieron en su paso a La Rioja; y lo acompañaron rezando y llorando, en lenta caravana. Fue un espectáculo lleno de emoción e inolvidable para todos, en aquella soledad, en una noche tibia de verano.
Desde Recreo, el telégrafo llevó la noticia a todo el país. En la estación esperaba un tren especial, para conducir tan preciosos restos, que la muchedumbre despidió emocionada. Así dejaba tierra catamarqueña, el “Siervo de Dios”, rumbo a la ciudad de Córdoba.

El Padre Esquiú, si bien vivió en otro siglo, se levanta hoy como modelo de vida para enseñarnos a enfrentar el mundo contemporáneo.
Elevemos una oración al Altísimo para su pronta beatificación.

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SU FINAL
Había estado en La Rioja y volvía a su sede episcopal de Córdoba en no muy buen estado. Sin embargo estaba contento, en cada lugar que se detenía repartía rosarios, estampas y medallas, confirmaba y daba consejos, mientras por otra parte repartía todo lo que el gobernador le había regalado: comida, vajillas, toallas y cepillos. En su estadía en la Rioja había realizado múltiples actividades de su rango episcopal y había administrado los sacramentos a numerosas personas. El 8 de enero de 1883 emprendió viaje a Córdoba. Viajaba en galera, acompañado de su secretario. Al día siguiente su salud volvió a empeorar. Tenía mucha sed, se sentía indigestado y le pesaba la cabeza. Decía tener sueño y no poder dormir. No obstante, confirmó a numerosas personas en cuanto lugar se detenía la galera. En Medanitos hicieron un alto y no pudo comer. Un viajero le dio un remedio homeopático que le calmó la sed. A la noche le improvisaron una cama con un cuero en medio del campo y, con un techo de mantas le protegían del rocío. El martes 10 amaneció mejor. Desayunó, tomó el remedio del homeópata y continuaron el viaje. El malestar volvió en seguida y Esquiú sentía otra vez mucha sed. Llegaron a la Posta de Pozo del Suncho, en el departamento La Paz. El obispo desde su asiento impartió la bendición a los pobladores, pero no pudo bajar. Esquiú ya casi no hablaba y no podía casi moverse. Sufrió dos descomposturas y tuvo que ser llevado por varias personas hasta una cama donde se desvaneció. Se le practicaron diversas curaciones sin resultados. A las tres de la tarde murió.

Su cadáver fue trasladado en la misma mensajería hasta Recreo, donde unos kilómetros antes de llegar le esperaba el pueblo con faroles y antorchas para acompañar al obispo hasta la población, en un cortejo fúnebre al paso de la galera.

Fue recibido en la estación Avellaneda, unos 100 km antes de Córdoba, entre Deán Funes y Jesús María, por el clero de aquella provincia que le había procurado un lujoso féretro, pero Esquiú no cabía. Su cuerpo se había hinchado y ya comenzaba a descomponerse. Debió ser sepultado en una capilla cercana. Al día siguiente, por orden de las autoridades nacionales, su cuerpo fue retirado de ese lugar rumbo a la Ciudad de Córdoba, previa autopsia de sus entrañas pues se temía pudiera haber sido envenenado.

Mientras sus restos mortales descansan en la catedral de Córdoba, el corazón "incorrupto" del religioso fue depositado en el convento franciscano de Catamarca. Fue sustraído en dos oportunidades. La primera vez el día 30 de octubre de 1990.3 Ese mismo día, en horas de la tarde, se descubrió que el corazón de Esquiú había sido sustraído y una semana después, el 7 de noviembre, fue encontrado en el techo del convento. Hasta hoy, la Justicia desconoce quien lo sustrajo en aquella oportunidad. El segundo hurto fue realizado por un joven llamado Gemian Jasani el 22 de enero de 20084 y aún sigue sin encontrarse.

Fue declarado Siervo de Dios en 2005 y Venerable en 2006 y su causa de beatificación se encuentra iniciada.

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