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María Soledad: El crimen que marcó a Catamarca

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Tres décadas, dos condenados y cientos de dudas.

 
El 8 de septiembre de 1990 María Soledad Morales fue asesinada en Catamarca; su cuerpo apareció dos días después, sobre la ruta nacional Nº 38, en el Parque Daza, en la entrada a la Capital, a unos siete kilómetros del centro. Este crimen fue una suerte de bisagra que cambió y marcó para siempre a la provincia. De repente, la tranquilidad de la  provincia se vio interrumpida con marchas de silencio que paradójicamente pedían justicia a gritos. Periodistas, fotógrafos y camarógrafos de medios nacionales, de las grandes urbes y de la lejana Buenos Aires llegaban todas las semanas para cubrir el caso. No fue un asesinato más.
 
La noche del 7 de septiembre, “Sole” –como la llamaba su familia y sus amigas- pidió permiso a sus padres, Ada Rizzardo y Elías Morales, para ir a la disco Le Feu Rouge, en el centro, donde se hacía un baile para recaudar fondos para el viaje de egresadas de las estudiantes del Colegio del Carmen y San José. De acuerdo con la crónica policial, a las 3 de la madrugada del sábado 8, Luis Tula, su novio, pasó a buscarla para ir juntos a otro boliche, Clivus, ubicado sobre la ruta provincial Nº 1. Tula era un hombre adulto y casado. Luego de estar en Clivus, Tula llevó a María Soledad a una “fiesta” en la que había otros hombres jóvenes. Según los registros de aquella época, en esa “fiesta” estaban los hijos del entonces jefe de la Policía de Catamarca, Miguel Ángel Ferreyra, y parientes del gobernador Ramón Saadi, entre otros personajes conocidos entonces como “los hijos del poder”.
 
Pasada la noche del baile, no había rastros de “Sole”. Así comenzó una búsqueda desesperada que duró unas 48 horas. El 10 de septiembre, cerca de las 9, una cuadrilla de obreros de Vialidad Nacional encontró su cuerpo mutilado en un zanjón, a la vera de la ruta nacional Nº 38, en cercanías de los puentes que cruzan el río del Valle, a unas 10 cuadras de su casa.
 
Un colectivero declaró haber visto cómo tres hombres arrojaban el cuerpo en ese lugar. Nunca se supo la identidad de ninguno de ellos. A cuatro días del terrible hallazgo, sus compañeras del Colegio salieron a la marcha, en silencio, para exigir justicia para María Soledad. La hermana Martha Pelloni las acompañaba, encabezando la marcha junto a Ada y Elías. Así lo hicieron los jueves y para la cuarta marcha la convocatoria fue multitudinaria. Tal fue la contundencia de estas marchas, que en el país fueron tomadas como ejemplo para exigir justicia.
 
En diciembre de ese año, el entonces jefe de la Policía, Miguel Ángel Ferreyra, fue apartado de la fuerza. Se habían detectado algunas irregularidades en la investigación: una de éstas lo sindica como el responsable de haber dado la orden de lavar el cuerpo.
 
En abril de 1991, a siete meses del crimen, el presidente de la Nación, Carlos Saúl Menem, ordenó intervenir la provincia. El gobernador era Ramón Saadi. A la vez, envió al expolicía Luis Patti a investigar. Aquí comenzó otra historia: la política catamarqueña tuvo un giro de timón.
 
Expediente
 
Dada la relación que mantuvo con “Sole”, Tula fue el primer sospechoso. Luego, las miradas recayeron en Guillermo Luque, hijo del diputado nacional Ángel Luque. La acusación que pesaba sobre su hijo le costó su cargo como legislador y fue expulsado del Congreso de la Nación.
 
La autopsia determinó que la muerte se debió a un paro cardíaco causado por una sobredosis de cocaína, que fue violada y violentada para luego, ya muerta, ser arrojada a un descampado.
 
En marzo de 1996, Tula y Luque ocuparon el banquillo de los acusados de la Cámara Penal de Segunda Nominación. El Tribunal estuvo integrado por los jueces Alejandro Ortiz Iramain, Juan Carlos Sampayo y María Alejandra Azar. El Ministerio Público Fiscal estuvo representado por el fiscal Gustavo Taranto. La prensa de todo el país tenía puestas las cámaras sobre esa sala de debates.
 
Así, se advirtió una seña entre dos magistrados, que llevó a que el debate sea declarado nulo. En 1997 se inició el segundo juicio.
 
En esta ocasión, los magistrados del debate fueron Santiago Olmedo de Arzuaga, Jorge Álvarez Morales y Edgardo Morales. El fiscal Taranto seguía a cargo del Ministerio Público Fiscal de esta Cámara. Tras varios meses de audiencias, en febrero de 1998 se conoció el veredicto: Guillermo Luque fue hallado culpable del delito de “violación seguida de muerte” y fue condenado a la pena de 21 años de prisión. En tanto que Tula fue condenado a nueve años de prisión, al ser hallado culpable en el delito de “abuso sexual” en calidad de partícipe secundario. 
 
In memoriam
 
Dado el impacto social que causó este crimen, en 1993 el cineasta Héctor Olivera coescribió y dirigió la película “El caso María Soledad”. La película es una crónica de ficción basada en hechos reales. Se relató el crimen y posterior juicio.
 
En agosto de 2016, Elías Morales –conocido simplemente como “Don Elías”-, falleció. Su deceso fue en agosto de 2016, luego de haber padecido un ACV que le dejó secuelas.
 
Hoy, en el lugar donde fue hallado el cuerpo de María Soledad aún se encuentra el monolito que sus padres, junto con la hermana Martha Pelloni y sus compañeras de escuela erigieron como símbolo de su lucha. A 30 años, el paso del tiempo resulta inevitable: el monolito permanece allí, despintado pero en pie, para que nadie olvide a “Sole”.

 

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